Hay
muchas y muy variadas formas de pastas, y también están las que
están rellenas. Pueden ser de jamón, queso, espinacas,... de muy
variados sabores y gustos. El relleno puede incluso ser un combinado
de alimentos y/o guisados. Normalmente salados pero también dulces.
Dentro
de la variedad, dependiendo de la forma y tamaño tienen distinto
nombre y pueden ser con más o menos pasta y relleno; dando lugar a
los tortellini, raviolis, sorrentinos,...
Su
origen,
de la pasta rellena, es incierto. Es verdad que hay recetas similares
en las cocinas de otros países, especialmente de China y Japón,
pero tienen con diferencias significativas en los ingredientes y el
método de cocción (a menudo elaboran pasta sin huevo que cuecen al
vapor) respecto a la cocina italiana y por extensión la occidental.
Pero
vamos a dirigirnos a la pasta italiana, dependiendo de la zona o
región se elaboran de una u otra forma,
aunque no
es raro que el mismo producto pueda ser llamado tortellino
en
una localidad y raviolo
a
pocos kilómetros de distancia. O que productos con forma y relleno
diferentes puedan tener el mismo nombre en diferentes lugares.
En el Piamonte se producen tortellini especialmente generosos y con
un relleno magro que se llaman tortelloni.
Centrándonos
en los tortellini la historia se remonta al siglo XIII. Es curioso
pero, como en muchos casos más, el tortellino parece ser que nació
como plato pobre. Para poder utilizar la carne que no se comía y que
quedaba en las mesas de los nobles, los pobres, que no disponían de
mucho más que harina, agua y en algunos casos huevos, se ingeniaron
y decidieron poner aquella carne dentro de una “hoja” de pasta y
sellar el todo haciendo un pequeño nudo alrededor del dedo,
torciendo la pasta. De allí el nombre, torcido-turtléin (en
dialecto boloñés) y finalmente tortellini.










